Anna, mon amour (sin spoilers)

¿Qué ocurre en una pareja cuando uno de sus miembros sufre depresión? ¿Qué sacrificios debe hacer la otra parte para darle estabilidad? ¿Genera esta situación una forma de control? ¿Por parte de quién? Estas son las cuestiones que se nos plantean en la película Ana, mon amour, una producción rumana dirigida por Cãlin Peter Netzer.

Basada en la novela Luminita, mon amour de Cezar Paul Bădescu, el punto de partida de la historia es  una sesión de psicoterapia en la que el protagonista, recorre mentalmente algunos episodios por los que ha pasado con su mujer, una persona depresiva, dependiente e inestable que sufre desde el principio de la relación ataques de ansiedad.

Toma, un estudiante de literatura, es consciente de la enfermedad de Ana desde su primer encuentro en la universidad, pero enamorado,  decide seguir adelante con el vínculo.  La debilidad de ésta le enrola  – a priori-  en el papel de protector y estabilizador, pero la dependencia que se genera entre los cónyuges a lo largo de 7 años de relación, tiene importantes consecuencias para ambas partes. Se vuelve una relación aislada del entorno y compleja que tiene como pilar absoluto la subyugación del otro.

Adentrándonos en el  flujo de conciencia del protagonista, podemos observar como a través de la psicoterapia los personajes ahondan en los orígenes de sus angustias. Diseccionando sus recuerdos y sus emociones Toma intentará entender por qué se encuentra ahora en este torbellino emocional y analizará su pulsión dominante que subyace a su papel de protector y estabilizador.

 

Conoceremos a través de los saltos temporales e interpretaciones psicoanalíticas de escenas oníricas las profundas marcas que dejan en el individuo la educación y la familia (la relación con una madre controladora o un padre violento), la religión (donde un  sacerdote de la Iglesia Ortodoxa juega un papel importante en el desarrollo moral de la historia), las tradiciones culturales (en este caso  las huellas de la profunda represión del extinto régimen comunista)

Sentados en el diván Ana y Toma sufrirán un marcado cambio de roles, oscilando de la vulnerabilidad  a la fortaleza. Ella se hará más independiente y él descubrirá sus propias inseguridades.

La película es una reflexión acerca de la intimidad y la trampa de la dependencia, una mirada introspectiva del yo, que a lo largo de 7 años de historia de dos personajes que trasmutan, se convierte en la narración de una historia de amor, ilusión y dolor, que termina con una secuencia final compleja y conmovedora.

 

 

 

 

 

 

 

 

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