¿Conoce tu hijo a la Ballena Azul? – Las claves del supuesto “juego” de Internet

Según la mitología Griega, las ballenas se suicidan varándose en la arena, tras ser expulsadas del mar por Neptuno. Para muchos padres y madres, este mito convertido ahora en “juego” es motivo de preocupación.

¿Conoce tu hijo a la Ballena Azul? – Las claves del supuesto “juego” de Internet¿Conoces qué es la Ballena Azul?

¿En qué consiste el juego?

En primer lugar el participante acepta unas condiciones de compromiso y fidelidad para ingresar al grupo, donde un guía dirigirá 50 retos, que acabarán el día que se le ordene quitarse la vida.  Se plantean como pruebas de superación personal y cada una de ellas refuerza las conductas autodestructivas del jugador.

¿Es real o una leyenda urbana viralizada en internet?

Lo cierto es que nadie tiene esta respuesta. Probablemente, como toda leyenda urbana, tiene su origen en algún hecho real (los primeros casos han sido documentados presuntamente en Rusia, pero no nos olvidemos que ese es un país con una de las tasas de suicidio más altas en el mundo) No obstante, desde hace ya más de un mes “ballena azul” es uno de los términos más buscados en Google, por lo que la curiosidad y el miedo lo han hecho real. Existen grupos en redes sociales con este nombre aunque no se ha podido comprobar su finalidad.

¿Por qué alguien querría jugar a la Ballena Azul?

A pesar de lo macabro de las normas para algunos la idea es atractiva. No es un tipo de juego nuevo, a mediados del siglo pasado ya se jugaba a la Ruleta Rusa y con la proliferación de las redes sociales se han popularizado juegos como el Hada de Fuego (que consiste en dejar el gas abierto toda la noche) o el Shocking Game (donde el objetivo es asfixiarse con una cuerda). Para algunos adolescentes que se sienten “expulsados” socialmente, estos macabros juegos refuerzan el sentido de pertenencia y la autoestima a base de likes.

La adolescencia es una etapa conflictiva y llena de cambios, son años en los que el bombardeo hormonal del cerebro y el propio desarrollo de la identidad generan dudas y vulnerabilidades. Estos juegos aprovechan esa debilidad  para encontrar potenciales ballenas azules que fantaseen con la idea de suicidarse y les dan además, “fama, popularidad y viralidad” algo que muchos niños de esta generación creen imprescindible.

 Como padre o madre, ¿Qué debo hacer?

Lo primero que debemos pensar es que no todos los jóvenes son potenciales ballenas azules, pero los jóvenes más vulnerables psicológicamente pueden ser presa fácil de este camino de retos terminal.

Es importante que  adquieran madurez emocional antes de usar redes sociales, y que las utilicen con supervisión de acuerdo a su edad. Estar alerta a lo que ven y a lo que escriben (el hashtag #yo_soy_ballena nos puede dar una pista).

Hablar abiertamente de los peligros de la red y lo difícil de la etapa que está atravesando es una forma de saber si tiene simple curiosidad por el tema o realmente se siente “ballena”.

Mantener una actitud cercana y fiable con nuestros hijos nos ayuda a conocerles y reconocer señales de alarma.

Pero no siempre hay señales, o no siempre (por muy unidos que creamos estar con nuestros hijos) somos capaces de verlas, por lo que es importante contar con ayuda de un psicólogo en caso de que se sospeche de algún tipo de trastorno o ante el menor síntoma de depresión, ansiedad, aislamiento o bullying.

El día a día de un adolescente puede ser un camino de obstáculos, debemos prestar especial atención a los niños que sufren episodios de abusos cotidianos, los “juegos” de este tipo se presentan como la salida fácil ante una situación desesperada, como padres nuestras mejores armas son la prevención y la comunicación. Preocuparnos por la ballena azul o cualquier juego sucedáneo no tiene mucho sentido si no nos ocupamos de las causas reales y diarias que pueden llevar a nuestros hijos a pensar en el suicidio.

No podemos sobreproteger a nuestros hijos y aislarlos de su entorno, viven en un mundo donde la conexión y las relaciones sociales virtuales son importantes, pero debemos darles las herramientas para reconocer que la vida va más allá de la pantalla y enseñarles que no todos los juegos son divertidos.

 

 

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