El miedo a ser mediocre

El rechazo a ser como los demás, a no destacar en algo, es algo a lo que muchas personas temen: hoy vamos a hablar del miedo a ser mediocre.

«Antes que nada ser verídico para contigo mismo. Y así, tan cierto como que la noche sigue al día, hallarás que no puedes mentir a nadie.» 

Hamlet. William Shakespeare

¿Qué es ser mediocre? 

Empecemos por aclarar realmente a qué nos referimos con éste término.

En general tiene un significado despectivo: algo o alguien mediocre (del latín mediocris) tiene, etimológicamente, calidad media, regular, mediano, pero también puede entenderse como algo de poco mérito, que no tiene valor, tirando a malo.

Confundimos además el miedo a ser normal, a ser como los demás, la normalidad hace referencia a aquel o aquello que se ajusta a valores medios.

Pero en realidad ¿que es ser normal?

En ocasiones dividimos al mundo en «los demás» y yo, como si fuera un baremo medible, y creemos que los demás «piensan» o «hacen cosas» con las que yo me identifico o no.

Como si la gente funcionara en bloques, y fueran uniformes, o como si la sociedad y por tanto, mi propia valía, se basara en etiquetas, descripciones, méritos, éxitos, marcas, grupos, decisiones concretas, ideologías, categorías.

Buscamos reconocimiento externo de nuestra propia valía.

De ahí vienen muchos miedos-fantasma, pensamientos y sensaciones tales como:

  • el temor a ser juzgado (por «los demás» ¡unos jueces inflexibles!).
  • si la gente no piensa igual que yo, lo mío «o no vale, o es superior».
  • necesito destacar en algo, no ser igual que los demás.
  • sólo vales si eres el mejor.
  • la perfección es lo que me guía.
  • O soy brillante o no soy nada. Pensamiento dicotómico, donde me paralizo y no termino de hacer nada por pánico a ser «normal» y ser uno más.
    Si no hago nada, en mi fantasía sigo siendo especial.

¿Qué puede haber detrás de este miedo a ser mediocre?

Puede ser miedo a no ser tú mismo, a disolverte, a no tener tu propia individualidad, a perdernos en la «masa», sin separación ni distinción, ¡A NO SER ESPECIAL! a no ser valioso para nadie, a no ser amado.

Cuando somos niños, necesitamos ser «lo más importante» para alguien, ser únicos y especiales, a medida que crecemos, tenemos que lidiar con la frustración del compartir, de admitir que no somos los únicos,

Necesitamos saber que  formamos parte de una red, que no siempre somos los mejores, ni los más atendidos en todo momento, que a veces nos salen las cosas y otras no, y que no pasa nada, que nuestra valía como personas no depende de ello.

Este dolor que sentimos, podemos atravesarlo y superarlo o quedarnos atrapados de forma insana y no avanzar, fantaseando con una «imagen» construida de éxito futuro,  del reconocimiento de los demás que nos asfixia y bloquea en lugar de vivir, dejar fluir y disfrutar del presente.

¿Que podemos hacer?

Distinguir el miedo a ser mediocre del miedo a ser auténtico

Porque, si nos paramos a pensar… todos somos auténticos, especiales e individuales, y eso no depende de éxitos puntuales, materiales, físicos o intelectuales, no depende de ideologías concretas, ni de pertenencias a ningún grupo, sino de tu propia personalidad que viene de dentro.

Aún habiéndote enriquecido con referentes exteriores, en el fondo han sido filtrados por ti, otorgando tu propio toque personal.

Detente un momento, reflexiona, ¿disfruto con lo que hago? ¿me aporta? ¿me siento bien?

En lugar de perseguir metas autoimpuestas para «ser alguien», ¿por qué no pruebas mirar dentro de ti?

YA ERES ALGUIEN.

Escúchate y deja salir lo que eres, sin comparaciones externas, sin que los demás sean los que te definan, ¡sin que sean méritos externos los que te evalúen como persona!

No soy PARA los demás, SOY yo mismo por dentro.

Tú eres múltiples cosas, original, irrepetible, con ideas o gustos cambiantes o no, ya descubiertos o por explorar, con tus propios pensamientos, una mezcla auténtica y compleja de millonésimos matices, a veces sin definición, a veces fluctuante, a veces acorde con otra persona, a veces no.

No eres un elemento fijo definido por adjetivos o etiquetas, nadie lo es.

Y en realidad, todos compartimos esto, por tanto, en definitiva,….todos somos iguales en el hecho de ser únicos 🙂

 

Imagen de Agustina Romero