29 de enero de 2024

La hiperproductividad

El problema actual más frecuente es el estrés. Es nuestra constante necesidad de aprovechar el tiempo, de no perdernos nada, de que todo lo que hagamos sea productivo. Nos llenamos de tareas, obligaciones, retos, actividades, eventos, planes… vivimos con ansiedad normalizada.

FOMO

El fenómeno FOMO, en inglés: fear of missing out, es un concepto que significa “miedo a estar ausente” o “miedo a perderse algo”. Es una ansiedad generada por el temor a perderse experiencias: un evento social o cualquier otra actividad que creemos que va a ser positiva y necesitamos vivirla.

El problema de esta sensación es que nos lleva a querer abarcarlo todo y todo el tiempo. Y eso es imposible.
Podemos estar haciendo algo y a la vez pensando en lo que nos estamos perdiendo en ese momento, o en lo que vamos a hacer a continuación. Pero esto nos impide disfrutar el aquí y ahora.

Las redes sociales tampoco ayudan, es un canal donde todo ocurre a todas horas, donde a golpe de clic puedes pasar de una experiencia a otra viendo cómo los demás se divierten, aprenden o hacen cosas sin parar.

Esta problemática generalizada y contagiosa nos lleva a un aceleramiento vital y a una necesidad de aprovechar todo, impacientes, queriendo resultados inmediatos, sin comprender ni vivir los procesos de forma orgánica, natural o artesanal. Buscamos satisfacciones inmediatas, y cada vez toleramos menos la frustración.

Todo esto deriva en un estado de estrés permanente.

Vida Contemplativa 

En su obra Vida Contemplativa, el filósofo Byung-Chul Han argumenta que vivimos en una era de hiperactividad, donde la atención se fragmenta constantemente debido a las múltiples distracciones digitales y la presión por ser productivos en todo momento. Esta hiperactividad puede llevar a la fatiga y la superficialidad en nuestras vidas.

En La sociedad del cansancio el autor también nos indica que en esta “sociedad del rendimiento el exceso de trabajo y rendimiento se agudiza y se convierte en autoexplotación” y que  “el burnout es la consecuencia patológica de una autoexplotación” donde “el sujeto obligado a rendir compite consigo mismo y cae bajo la destructiva coerción de tener que superarse constantemente a sí mismo”. Por tanto “la coerción externa es reemplazada por una autocoerción que se hace pasar por libertad.”

“Todos vosotros que amáis el trabajo salvaje y lo rápido, nuevo, extraño; os soportáis mal a vosotros mismos, vuestra diligencia es huida y voluntad de olvidarse a sí mismo. Si creyeseis más en la vida, os lanzaríais menos al instante. ¡Pero no tenéis en vosotros bastante contenido para la espera, y ni siquiera para la pereza!”
Nietzsche

Menos pero mejor

La sociedad de trabajo y rendimiento no es ninguna sociedad libre. Confundimos la hiperactividad con la libertad, y el no hacer nada con perder el tiempo. Es una ilusión pensar que cuanto más activ@ estoy, más libre soy, porque me muevo. Paradójicamente esta hiperactividad no nos permite ninguna acción libre, no disfrutamos del ser. Tampoco profundizamos en lo que hacemos.

Utilicemos el paralelismo del decálogo del buen diseño donde “menos es más”, de Dieter Rams. El buen diseño es diseño en su mínima expresión. Añade “Menos, pero con mejor ejecución”, este enfoque fomenta los aspectos fundamentales de cada producto y por lo tanto evita lastrarlos torpemente con todo aquello que no es esencial. El resultado ideal es un producto de mayor pureza y simplicidad.

Apliquémoslo a la vida cotidiana. Intercalar las actividades con pausas, silencios y reposos. Menos quehaceres pero mejor hechos, menos planes pero más disfrutados, menos vínculos pero más profundos, menos cantidad y más calidad.

Y sobre todo, como base, espacio y tiempo de calidad contigo mism@.

 

Artículo escrito por Silvia Igualador, psicóloga.