La incertidumbre

Una de las cosas que más ansiedad, miedo y angustia nos provoca a las personas, es la incertidumbre.

Cuando estamos en un momento de inseguridad y duda, la cabeza vuela al futuro, a las opciones posibles, a las consecuencias de esas posibilidades, a lo que haré o no haré, a lo que pasará o no pasará, a lo que me dicen que pasará, a lo que imagino que pasará.

El descontrol que genera la incertidumbre nos hace sentir vulnerables. Intentamos controlar esa sensación dando vueltas a las posibilidades. Racionalizando sin parar. Creando sensaciones de control ante algo imposible de anticipar. Y el bucle comienza de nuevo.

«Mi espíritu está todo hecho de vacilación y duda. Nada, para mí, es o no puede ser positivo; todo oscila a mí alrededor, y yo con ello; sólo soy incertidumbre. Todo es para mí incoherencia y cambio. Todo es misterio y todo es significante». F. Pessoa

Miedo a la incertidumbre

Es normal necesitar sentir seguridad. Buscamos pilares seguros y creamos certezas, (racionales, espirituales, ideológicas o materiales) pero en realidad las bases que nos sostienen son frágiles porque hemos de equilibrarnos de nuevo constantemente.

Tarde o temprano nos damos cuenta de ello, generalmente como consecuencia de una crisis que nos mueve los cimientos. Las crisis ocurren cuando el equilibrio anterior ya no era sostenible. Lo de siempre no funciona y hay que buscar nuevas fórmulas.

“Consideramos la incertidumbre como el peor de todos los males hasta que la realidad nos demuestra lo contrario.” A. Karr

Tiempos inciertos

Estamos en un momento de especial incertidumbre. Tras el shock inicial por la pandemia de Covid-19, la desescalada del confinamiento y la vuelta progresiva a las calles hace que nos preguntemos ¿y después, qué va a pasar? ¿cómo vamos a vivir? ¿que va a ocurrir con la salud de las personas, con los trabajos? ¿qué cambiará? ¿seré capaz de sobrellevarlo? 

Comencemos por decir algo obvio: el futuro (la vida) no se puede controlar a voluntad. Podemos realizar acciones dirigidas, pero siempre surgirán imprevistos o situaciones nuevas. La incertidumbre y el descontrol forman parte de nuestra existencia, y hay que aprender a convivir con ello.

La teoría es fácil: hemos de aprender a vivir en constante movimiento, a surfear las olas de la vida, cuando no ocurre una cosa, explota otra. Aceptar lo que llega y adaptarnos de forma flexible para poder hacer algo al respecto. Resiliencia.

La práctica es más compleja: nuestros miedos nos invaden, no tenemos certezas a las que aferrarnos. El cambio nos marea, la falta de control nos inquieta. Las obsesiones se disparan. Solo hay agotamiento.

¿Qué podemos hacer?

En primer lugar, dejar claro que cualquier trabajo psicológico supone un esfuerzo y una implicación. Por tanto aplicar estos puntos es un ejercicio constante:

  • Asume la situación, acepta que no sabes qué va a pasar en el futuro. La negación sólo retrasa la toma de conciencia. «La incertidumbre es una posición incómoda, pero la certeza es una posición absurda» decía Voltaire.
  • Habla y expresa tus miedos y fantasías más terribles o absurdas, ponlas en palabras, exorciza tus fantasmas. Déjalos salir para que pierdan fuerza.
  • Reconoce la ansiedad anticipatoria, es un temor obsesivo exagerado con expectativas negativas antes de que ocurra algo. Una angustia tremendista irracional ante el miedo al vacío.
  • Sentido común. Detecta las obsesiones, toma conciencia de que son espirales y aplica el sentido común. Utiliza la lógica sin anticipar acontecimientos, es importante volver al presente, que es lo único que podemos manejar.
  • Aquí y ahora. Vuelve a lo que tienes enfrente. Los conflictos hay que enfrentarlos de uno en uno, para que no se hagan una bola inmensa. Desgránalos en parcelas pequeñas y manejables. Esto no significa no tener objetivos, pero comienza por abordar el actual.
  • Pensamiento crítico. Ante una situación nueva, reflexiona. Cuestiona la información, razónala. Aceptar la situación no significa resignarse, valora lo que puedes hacer al respecto.
  • Toma de decisiones. La vida es una constante toma de decisiones, y nunca son perfectas. Todas suponen una renuncia que hay que asumir. Pero es la única forma de vivir sin parálisis. Acepta tu responsabilidad.
  • Creatividad, es la capacidad de generar nuevas ideas o nuevas asociaciones, que producen soluciones originales que antes no nos habíamos planteado. Es abrir puertas camufladas que antes no veías. Las crisis despiertan la creatividad porque te hacen salir de tu zona de confort. Aparecen nuevas oportunidades cuando abres la mente y actúas.
  • Fe en ti, cree en cómo has salido de otras situaciones y en en tu «yo» futuro que podrá gestionar lo que llegue en su momento. Confía.
  • Cuida el cuerpo físico. Para que todo lo anterior funcione, hay que bajar a tierra la mente disparada. Comienza por lo más básico y sencillo: cuida tu cuerpo. Descansa, come bien, ejercítalo, consume con prudencia, duerme. La cabeza se ordena cuando el cuerpo está regulado.

Ser consciente del presente

Rumiamos sin darnos cuenta el futuro anticipado, o el pasado que nos lastra. Permanecer en el presente es una herramienta esencial, ¡ojalá nos la hubieran enseñado en el colegio, como las matemáticas!

Pero resulta que ante la incertidumbre, es lo único que funciona. Abordar el día a día. Esto no quiere decir dejarnos arrastrar por el momento, sino situarnos en el momento real que estamos viviendo.

«Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo».
Proverbio árabe

Ser consciente de la propia situación emocional y vital. A esto ayuda una terapia porque tus preocupaciones son personales, dependen de tu propia historia y de tu inconsciente.
Los miedos taponan la creatividad, y el camino es ir abriendo y oxigenando lo que tienes dentro, para que surjan tus recursos de forma natural, de dentro hacia afuera. Es decir, no regirte por las imposiciones o exigencias, sino confiar y dejar fluir.

El ser humano está en lucha constante desde que nace hasta que muere, hay temporadas más tranquilas y otras agitadas, pero siempre ha de estar peleando batallas, gestionando imprevistos, tomando decisiones, buscando su supervivencia y bienestar. Y la forma de sufrir menos, es aceptarlo.

«La verdadera generosidad para con el futuro consiste en entregarlo todo al presente». A. Camus 

Artículo escrito por Silvia Igualador, psicóloga.