Los cambios: tomar decisiones

Desear un cambio y no tomar decisiones para lograrlo, es un estado pasivo que nos bloquea y nos desgasta. Anhelar dar un giro a mi vida, renovarme en algún aspecto, superar una dificultad con la que tropiezo una y otra vez… todo esto conlleva un verdadero cambio real, no un cambio fantaseado.

Tomar decisiones para cambiar suele ser algo deseado y temido a la vez: por un lado necesito hacer algo distinto y salir de la insatisfacción, por otro prefiero la comodidad de lo conocido, y me inquieta la incertidumbre.

Los cambios: tomar decisiones

¿Cómo enfrentar los cambios y tomar decisiones?

  • Reflexiona ¿estoy dispuest@ a cambiar? El que quiere llegar a algo busca caminos. El que no quiere llegar, busca excusas. El mayor freno para lograr un cambio es ni siquiera creerlo posible.
    Con las típicas frases: “no depende de mí, depende de muchas cosas” “soy así, no puedo evitarlo” “más vale malo conocido” “tal y como está todo no se puede hacer nada» se niega la capacidad de cambiar. Poner la causa de los problemas fuera (en los demás, la mala suerte, el pasado vivido, las circunstancias, etc) elude la responsabilidad.
  • La desidealización: no hay una decisión “correcta” ni perfecta. Nunca va a salir como imaginamos, por tanto ponemos excusas para no cambiar porque en la mente se mantiene el ideal. Ejemplos: “si tuviera un trabajo ideal sería feliz” «si tuviera pareja, o ganara más dinero, o fuese más delgada, o viviera en otro país…»
  • Dejar la fantasía y pasar a la realidad: pasar a la acción, hacer, decir, probar. Recoger información real para contrastarla y que no quede en suposiciones e hipótesis rumiando en nuestra cabeza. ¡Ojo! Esto no significa comprometerse, puedes cambiar de opinión.
  • La renuncia: el clásico “todo no se puede”. Si nos cuesta cambiar es porque en el fondo nos cuesta dejar atrás algo que tenemos ahora. Por muy mala que nos parezca la situación, si nos mantenemos en ella es porque hay ventajas inconscientes. Elegir significa renunciar a algo para poder avanzar.
  • Romper hábitos: “Quien hace siempre lo mismo, difícilmente obtendrá un resultado diferente”.
    Si deseas cambiar, sentir algo distinto, resolver una situación, hay que hacer o decir algo diferente, salir del camino acostumbrado, realizar algo nuevo, aunque sea pequeño, romper la inercia. Un cambio pequeñito puede tener un efecto expansivo y generar cambios cada vez mayores. Se flexible, abre nuevas alternativas, échale creatividad y no te dejes arrastrar por lo de siempre.
  • Desnredarse del bucle: muchas veces se busca un cambio, pero sin saber qué es lo que se desea cambiar. Esto ocurre porque centramos nuestra energía en la queja, en los obstáculos, en lugar de mirar más allá.

Los cambios: tomar decisiones

Los obstáculos

  • Malestar confortable: nos quejamos, hablando y hablando sobre lo que disgusta o alimentando las enormes dificultades que impiden cambiar. Centrar la atención en las dificultades hace que crezca, cuanto más explicamos las quejas, más confusión, más absorbidos en las propias circunstancias y más posponemos.
  • Enfocarnos más en el problema que en la solución supone un mecanismo para seguir igual. “Un obstáculo es lo que se ve al desviar los ojos del objetivo”, por tanto, enfocar tu atención hacia un futuro deseado permite encaminarse al cambio.
  • Cuidado con las ensoñaciones: al imaginar la meta a la que me gustaría llegar, si es realista, tendré una idea más clara del trayecto y las etapas que implica el cambio. Aunque una distancia demasiado larga crean expectativas irrealistas que me bloquean, por tanto es preciso plantearse pequeños objetivos a corto plazo, saborear pequeñas victorias y disfrutar el camino.
  • Miedos: Los cambios a menudo implican decisiones difíciles, despedirse de algo familiar, afrontar la incertidumbre de lo desconocido. Es lógico que desestabilicen y provoquen miedo o estrés.
    Surgen temores del tipo “no seré capaz”, “es demasiado difícil” o “he malgastado mucho tiempo”. Este diálogo interno crea una sensación de incapacidad limitante. Pero el miedo sólo se pasa cuando nos atrevemos a hacer algo, nunca antes.
  • El riesgo: El cambio conlleva riesgo. Cualquier elección supone una apuesta que puede llevar a ganar o a perder en algún aspecto. Pero a veces puede ser más peligroso quedarse quieto.

“Y llegó el día en que el riesgo que corría por permanecer dentro del capullo era más doloroso que el que corría por florecer” Anaïs Nin.

El cambio es posible

El cambio no sólo es posible, sino inevitable, las personas cambiamos constantemente. Muchas veces hay transformaciones personales a raíz de una situación crítica, (crisis significa cambio).

No decidir es dejarnos llevar por el tiempo, el cual acota las posibilidades y decide por nosotr@s, ¿eso es lo que quieres?

En el fondo tomar decisiones supone “crecer”, porque significa hacerse cargo de un@ mism@, hacerse cargo de las decisiones, riesgos y consecuencias.
Cuando éramos pequeñ@s los adultos tomaban decisiones por nosotr@s, ahora nuestra cabeza cree que “si no tomamos decisiones” se crea una falsa sensación de que alguien nos cuida.

Además el deseo de cambiar no realizado, la pasividad, la duda, los miedos, el estancamiento, la sensación de “no vivir, solo ver pasar las cosas”. Todo esto pasa factura creando una honda insatisfacción personal,  y tan solo descubriremos un nuevo horizonte si estamos dispuestos a cambiar.

“Para crecer hay que renunciar temporalmente a la seguridad” G. Sheehy