¿Por qué hacemos huelga feminista?

 “¿Huelga el 8 de marzo? ¡Si de toda la vida se ha celebrado el día de la mujer trabajadora y nunca se había hecho huelga!”

“Yo no haré huelga, no soy feminista, a mí nunca me ha tratado mal un hombre”

“Las feminazis esas son una panda de locas resentidas, a mí el morado me suena a partido político, seguro que les pagan”

“O sea que ¿Ser machista está mal, pero ser feminista está bien no? ¡A ver si os aclaráis!”

“¡Esta huelga es solo para las mujeres, los hombres no tienen nada que reclamar!”

 

Estas son frases reales dichas por mujeres hoy.

Hoy, a las puertas de una de las jornadas más reivindicativas que ha vivido el feminismo en nuestro país.

Por palabras como estas, es necesario hacer una reflexión acerca de por qué somos feministas y por qué en el centro de psicología y psicoterapia Argensola secundaremos la huelga este viernes.

El feminismo no es una moda, no es una corriente que lucha contra los hombres y no está formado por mujeres resentidas. El morado no es un color partidista y el machismo no es antónimo de feminismo.

Para entender la huelga del 8M debemos mirar en lo profundo de la estructura sociopolítica en la que todos y todas vivimos, y hacer un repaso histórico de los hechos que nos han traído hasta aquí.

La ideología feminista se basa en el concepto fundamental de que todas las personas son iguales en derechos y deberes.  

En nuestra sociedad domina el androcentrismo y el heteropatriarcado, es decir, hemos funcionado dentro de un sistema donde el hombre es la base y la mujer un complemento.

Una estructura que asigna roles de género diferenciados y que no establece los mismos privilegios y obligaciones a todos y todas.

El machismo ha sido el tutor de nuestra educación y forma parte, en mayor o menor medida, de la idiosincrasia de todas las generaciones, casi sin darnos cuenta, de manera inconsciente, ha regido nuestros procesos sociales y ha estado presente en lo más cotidiano, hasta que, en algún punto de inflexión, algunas personas se han dado cuenta que el sistema tiene un desequilibrio, y han luchado contra él.

Uno de esos momentos críticos ocurrió un 8 de marzo de 1857, cuando un grupo de trabajadoras de una fábrica textil de Nueva York decidió salir a la calle para protestar por la diferencia de sus condiciones de trabajo. Es por esto, que, en un principio, y tras otros muchos episodios relacionados con la incorporación de la mujer al trabajo industrial, se celebraba el “Día de la mujer trabajadora”.

En aquellos años era normal que la mujer asumiera el cuidado del hogar y se dedicara a lo que biológicamente tenía asignado: parir.

Y como consecuencia de eso, era normal que ocupara un segundo plano en la sociedad, por lo que el terreno de batalla inicial fue el laboral. Pero el machismo normativo seguía imponiendo desigualdades en el resto de los ámbitos y estamentos.

La historia nos demuestra que la normalidad y la ley la dictan quienes tienen el poder.

Y he aquí una de las claves, sin entrar en especificaciones políticas o psicológicas, el hombre (no como sujeto sino como género) ha gozado históricamente de un poder sobre la mujer.

Fue necesaria una lucha activa contra ese poder para reclamar el derecho a votar, a acceder a la educación, y otros muchos hitos que en su día se consideraban privilegios y hoy asumimos como derechos, de hecho, el color morado fue el que, en 1908 utilizaron las sufragistas inglesas como identificativo.

El feminismo tiene más de un siglo luchando por los derechos de todas y cada una de nosotras.

Ser feminista es entendernos como iguales, de ahí que sea necesario que también los hombres sepan que pueden (y deben) serlo. Todas las personas necesitan en algún momento ponerse “las gafas violetas” y mirar más allá de lo normalizado, descubrir que tenemos micromachismos en el ADN para poder subsanarlo, encontrar la raíz del desequilibrio y arrancarla, y para ello, no podemos quedarnos solo en nuestra vivencia particular sin cuestionarnos qué parte de lo que somos es una pieza del engranaje machista.

Uno de los grandes errores, por los que se siguen diciendo frases como las del inicio del artículo, es que se individualice “al hombre” o “la mujer” haciéndolos protagonistas de una lucha superficial y de forma, sin entrar en el fondo que es conseguir una sociedad más justa para todos y todas en la que las diferencias no sean motivo de subyugación.

Vamos a la huelga el 8M porque nuestro centro es feminista, y somos feministas porque entendemos a la mujer como sujeto y no como objeto, en igualdad de condiciones que al hombre.

Además, desde nuestra posición, queremos dar visibilidad al feminismo, organizando y ofreciendo eventos que tienen como protagonista a Las Mujeres, es por eso, por lo que, a lo largo de este año, la mayoría de las actividades de nuestro espacio “Arte en Argensola” están dedicadas a lo femenino, como las jornadas ¿Dónde habita la mujer hoy? Distintos registros de lo femenino en la que participan destacadas mujeres de diferentes entornos profesionales, a lo largo de cuatro ponencias, para debatir y reflexionar acerca de la maternidad, las violencias sexuales y la clínica de lo femenino. O la próxima exposición de pintura “Polifonías” en las que tres artistas conjugan sus obras formando un todo, en una muestra feminista y femenina.

 

A modo de conclusión, y porque todavía hay mucho desconocimiento en este tema (dado el miedo que nos produce romper la hegemonía), es importante aclarar que pertenecer al género femenino o saberse mujer, no es motivo de celebración, por lo que el 8M no celebramos nada: es una jornada para reivindicar que aún queda mucho por conseguir para romper con la estructura de poder machista en la que vivimos, ya no es el día de la mujer trabajadora, es el Día Internacional de La Mujer, que como todos los días conmemorativos, se institucionalizan porque algún grupo minoritario o colectivo oprimido o vulnerable necesita ser visibilizado.

Así pues, el Centro de psicología y Psicoterapia Argensola cerrará sus puertas (reales y virtuales) este próximo viernes y todos los 8M hasta que sea necesario que tengamos un día dedicado al feminismo.