¿Quién cuida de los que cuidan? Síndrome del cuidador

Cuidar de una persona cercana es algo con lo que casi todo nos encontramos en algún momento. pero, ¿Quién cuida a los que cuidan? ¿Has oído habar del síndrome del cuidador?

Ser cuidador no es tarea fácil, porque exige, en general, asumir unas responsabilidades y una tareas muy pesadas.

Por eso, es importante evitar caer en una rutina de desgaste físico y psicológico que acabe pasando factura.

Constituye el llamado “síndrome del cuidador”: un trastorno caracterizado por un gradual agotamiento físico y psíquico que se presenta en personas que desempeñan el rol de cuidador principal de una persona dependiente.

¿Qué es el síndrome del cuidador?

  1. En una primera fase, el cuidador, ante las necesidades del dependiente, asume la responsabilidad principal. Esto conlleva mucho tiempo y en general mucho estrés para abarcar todas las tareas.
  1. En la segunda fase, se entra en una dinámica en que el cuidador no alcanza a cumplir todas las demandas del dependiente, ya sean explícitas o situacionales: necesidades de acompañamiento, administrativas, médicas, logísticas, etc. En esta fase empiezan los trastornos emocionales: impotencia y sensación de aislamiento suelen ser las sensaciones más habituales.
  1. En la tercera fase, el cuidador continúa con este nivel de carga y se produce una reacción al sobresfuerzo continuado que afecta a nivel físico (trastorno del sueño, dolores musculares, falta de apetito, trastornos gastrointestinales…) y a nivel psicológico (culpa, apatía, soledad, hipersensibilidad hacia las críticas…).

Es importante reaccionar ante esta situación: saber reconocer los síntomas e identificar el problema para prevenirlo o, en caso de que ya ocurra, poder empezar a solucionarlo.

De hecho, existen dos escalas, utilizadas a nivel internacional para la valoración de la sobrecarga del cuidador: el Índice de Robinson (1983) y la Escala de Zarit (1980).

¿Cómo evitar el síndrome del cuidador?

Se estén ya sufriendo los síntomas o simplemente para evitar que aparezcan, es importante seguir una serie de “buenas prácticas”:

Evitar la sobrecarga a todos los niveles.

Desde un punto de vista físico esto implica varias cosas: cuidar la postura para evitar dolores en músculos y articulaciones; establecer una rutina alimentaria sana y equilibrada dedicándole el tiempo necesario y descansar lo suficiente, evitando dormir a ratos y en situaciones incómodas.

Desde el punto de vista psicológico es importante evitar que el cuidado del dependiente ocupe el 100% del tiempo.

Hay que tener una parcela dedicada a nosotros mismos, tanto para aliviar tensiones como para cuidarnos y abstraernos.

Para eso suelen ser útil establecer rutinas, hacer deporte, etc.  Algo que nos “obligue” a tomarnos nuestro tiempo ante el riesgo de apatía.

Diferenciar entre responsabilidad y culpa.

Esto es vital y a veces pueden confundirse: el cuidador asume unas responsabilidades con respecto al dependiente, pero sólo es humano.

No puede exigírsele, ya sea uno mismo u otras personas, que no cometa errores, que no ponga limites o que abandone o descuide otras parcelas de su vida.

Poder diferenciar entre responsabilidad y culpa será algo vital para evitar caer en malos hábitos y en el desgaste.

En cualquier caso, esto está muy vinculado con el siguiente punto.

Pedir ayuda.

La situación del cuidador es muy compleja y por eso es recomendable repartir las tareas entre las personas que puedan ayudar.

Pero pedir ayuda va mucho más allá que eso.

También incluye fomentar la autonomía del dependiente en la medida de lo posible: hay en situaciones en que está muy limitada, pero en cualquier caso esto ayudará a mejorar la situación tanto de uno como de otro.

Por último, existen programas municipales, autonómicos y estatales que ofrecen ayuda tanto por cuestiones de dependencia como actividades específicas de apoyo a cuidadores

por ejemplo el el Curso “Cuidar al cuidador” del Ayuntamiento de Madrid.

En Centro de Psicología y Psicoterpia Argensola, por nuestra parte, ofrecemos terapias específicas para evitar el síndrome del cuidador y para establecer estructuras emocionales que protejan de esta sobrecarga.

En cualquier caso, si lo necesitas, no lo dudes. Pide ayuda.