¿Me exijo ser perfecto? La imposible perfección

La perfección es un ideal deseable, pues nos impulsa. Pero deja de ser sano cuando existe la convicción de que cualquier cosa por debajo de ese ideal es inaceptable.

 

“Procurando lo mejor, estropeamos a menudo lo que está bien”.

William Shakespeare

¿Me exijo ser prefecto/a?

  • Pensamiento rígido. Se fijan en los detalles, teniendo problemas en ver la situación global.
  • Miedo a fallar, al cambio, a la inestabilidad.
  • Miedo a las propias necesidades, por temor a que al satisfacerlas se llegue al descontrol.
  • Pensamiento dicotómico. Pasan del blanco al negro, del todo al nada.
  • Dificultad para tomar decisiones, porque les cuesta saber cuál es la decisión buena y cuál no. Creen que cometer un error es catastrófico, exagerando sus consecuencias.
  • Exceso de autocontrol, que les dificulta actuar de manera espontánea. Tratan de controlar sus conductas, deseos y emociones.
  • Elevado sentido del deber. Sus pensamientos y frases se suelen iniciar con “debería…”, “tendría que…”
  • Hipervigilancia. Esto conduce a un alto grado de tensión interna que no les permite abandonarse al momento presente. Continuamente se observan, se juzgan y están muy pendiente de los demás.
  • Frialdad emocional. De tanto mostrar su mejor cara (su máscara), llegan a anestesiarse. Temen tanto el descontrol emocional que congelan lo que sienten. Oscilan entre esta frialdad y el descontrol, puesto que pasan de un extremo al otro.
  • En el ámbito laboral, el perfeccionismo puede convertirse en baja productividad ya que se pierden tiempo y energía en detalles irrelevantes de las actividades o tareas diarias.

¿Qué nos puede ayudar a manejar ese exceso de perfección?

  • Desbloqueando nuestra rigidez: Las cosas no son blancas o negras sino que existen matices intermedios.
  • Los errores nos enseñan, equivocarnos y aprender de ellos es la mejor forma de superación.
  • Lo que nos fortalece es tomar nuestras propias decisiones, no hay decisiones buenas o malas.
  • Desarrollando nuestra espontaneidad, improvisando, siendo creativos.
  • Aprendiendo a disfrutar sin buscar éxitos productivos.
  • Asumir poco a poco las pérdidas necesarias, abandonando los ideales utópicos que nos asfixian y oprimen de lo que no somos o no vamos a ser, para poder avanzar en la vida de forma más auténtica.
  • Apreciando el cambio y entendiendo el proceso de las cosas.