Septiembre y los comienzos

Septiembre es el mes favorito de algunas personas. Personas a las que les gusta estrenar libretas en blanco, aprender cosas nuevas, comenzar hábitos, formaciones, proyectos, deportes, colecciones de kiosko.

Septiembre es el mes de arranque de nuevos ciclos y de nuevas propuestas. Decimos adiós a la pausa que nos regala el verano para ponernos en marcha hacia la construcción de un nuevo curso. La naturaleza y el clima cambian, los horarios cambian, los ánimos cambian. Se habla coloquialmente de la depresión postvacacional que supone la «vuelta al cole», la vuelta al trabajo y a las responsabilidades. Sentimos que dejamos de ser libres, de disfrutar de la anarquía y el ocio para volver a modelarnos en la cultura del trabajo.

Efectivamente, septiembre es una etapa de reflexión.

Este es un momento que ofrece la oportunidad de pensarnos, de plantearnos cambios, de ajustar necesidades para dirigirnos hacia donde queremos. Las decisiones se replantean, reelegiendo caminos o virando hacia otros destinos.

Pero si la vuelta al cotidiano produce excesivo sufrimiento, entonces hemos de revisar qué está pasando, en vez de reprimir los malestares porque son señales que hay que escuchar y atender.

Si sientes tristeza inmensa, ansiedad desbordante o angustia constante no es un estado que se pasa acostumbrándote otra vez a la vida cotidiana, puede ser un potente indicador de que hay algo en tu vida que has de detenerte a reflexionar ¿qué está ocurriendo?

Por tanto no comencemos el otoño llenándonos de quehaceres para no pensar, obviando estas señales. Estas señales, por muy incómodas que sean, son lo mejor que te puede pasar para que te hagas caso.
Date la oportunidad.

Fotografía de Katie Moum