26 de junio de 2024

Trastorno por déficit de atención con hiperactividad, TDAH

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es un trastorno del desarrollo neurológico, es decir, un trastorno de la función cerebral que afecta a la función cerebral (emociones, memoria, autocontrol, aprendizaje). Se suele diagnosticar en la infancia y persiste en la edad adulta.

Concretamente el TDHA se caracteriza por fallos en la atención, desconcentración, distracciones y olvidos, hiperactividad (física y/o mental), impulsividad, incapacidad de ser constante, estos síntomas han de ser llamativos y que impidan un funcionamiento del día a día.

Según el DSM-5 , manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales “Habitualmente, los síntomas empeoran en las situaciones que exigen una atención o un esfuerzo mental sostenidos o que carecen de atractivo o novedad intrínsecos (p. ej., escuchar al maestro en clase, hacer los deberes, escuchar o leer textos largos que no son de su gusto, o trabajar en tareas monótonas o repetitivas)”

¿Pero como sé si tengo TDAH?

Este trastorno es muy popular ahora mismo. Se diagnostica en colegios y centros médicos, lo leemos en las redes sociales y escuchamos en la calle. Todo el mundo conoce a alguien diagnosticado de TDAH. Incluso nos preguntamos si lo tenemos. Y a decir verdad, todas las personas en algún momento podemos identificarnos con esos síntomas. Todos pasamos por momentos de desconcentración, de ansiedad, de desorientación, de falta de constancia.

El estrés de la sociedad actual también propicia estos síntomas, caracterizada por la inmediatez y la productividad. Estamos alerta, los estímulos cada vez son más efímeros, nos cansamos de leer textos extensos y de ver películas pausadas, entonces buscamos series entretenidas de poca duración, videos express en redes sociales, frases motivacionales cortas y directas. Estamos utilizando varios dispositivos tecnológicos a la vez, el ordenador y el teléfono. Todo ha de cambiar rápidamente para mantener nuestra atención. El trabajo es multitarea, y los dispositivos convierten el día a día en un bombardeo de estímulos.

Por eso muchas veces es difícil diferenciar si hay un problema neurológico real o es ansiedad generalizada generada por la influencia ambiental.

Medicación y etiquetas

Existe un acuerdo universal para la medicación en este tipo de trastorno, pero hay que tener en cuenta que hay un exceso de medicalización de los fármacos como tratamiento del TDAH, tanto en adultos como en niños/as.

En el caso de la infancia además es un tema delicado. La falta de rigurosidad diagnóstica crea niños enfermos donde no los hay, además del peso que implica cargar con una etiqueta-diagnóstico desde pequeño. Las etiquetas de trastornos mentales son difíciles de quitar por identificación con ellas y además muchas de ellas solo responden a un momento vital concreto, pudiendo evolucionar sin problema. También lo que hacen estos medicamentos en muchos casos es ocultar la raíz del trastorno, haciendo invisibles los síntomas, que en muchos casos vuelven a reaparecer bajo otras formas o regresan al poco tiempo de suspenderse la medicación (a partir de los 2 años se suele subir la dosis o cambiar de fármaco). Pero la idea es entender por qué sufre el niño/a y no convertirlo en alguien dócil y manejable.

Evitemos la medicalización innecesaria y psiquiatrización, que lleva a que los conflictos de conducta tiendan a resolverse a través de pastillas para “normalizar”  y hagamos el esfuerzo terapéutico de comprender lo que ocurre antes de tomar la decisión (en algunos casos necesaria, eso sí) de recurrir a los fármacos.

 

Artículo escrito por Silvia Igualador, psicóloga.