Vejez y Sexualidad: Mitos que debes romper

Durante mucho tiempo la sexualidad en la vejez ha sido un tabú. A la sociedad le cuesta asumir que las personas mayores también tienen deseo, respuesta y actividad sexual.

Vejez y Sexualidad: Mitos que debes romperBaddie Winkle, Instagramer

Conforme avanza la edad, factores fisiológicos como los cambios hormonales, la disminución de la energía o los efectos secundarios de algunos medicamentos, pueden alterar el funcionamiento normal de los comportamientos sexuales.  En esta etapa, además, se pueden dar cambios sociales (pérdida de pareja, jubilación, ruptura matrimonial después de muchos años, variación en la convivencia, cargas familiares, etc.) que pueden generar una alteración en lo relativo al deseo, al impulso sexual y a la autoestima, pero eso no significa que la entrada a la ancianidad es el fin de la sexualidad.

El Factor Psicológico:  Lo esencial para una salud sexual en la vejez

 Se dice que el órgano sexual más poderoso es el cerebro, es por esto, por lo que llegar a la tercera edad con una sexualidad sana dependerá en mucho grado de estar sano mentalmente y asumir los cambios físicos que ocurren en el organismo.

La madurez permite una toma de conciencia sobre el cuerpo y sus necesidades y un criterio definido sobre el erotismo y los gustos. Por lo que la experiencia obtenida a lo largo de los años, el mayor conocimiento de sí mismo (y de la pareja si es el caso) pueden ser un factor positivo para conseguir plenitud y satisfacción.

Sin embargo, a otros les cuesta asumir la evolución de su sexualidad. Se puede dar el caso que la persona, por desconocimiento e inseguridad, no tenga una adecuada relación con los cambios de su cuerpo y sientan culpa, vergüenza y/o pudor por sentir deseo o impulso sexual.

En esta etapa de la vida la sexualidad

debe ser entendida con el único fin de dar y recibir placer

Es muy importante recordar que el coito no es lo más importante en el sexo y tampoco es el único modo de satisfacción. Esto aplica a todas las etapas de la vida, pero más si cabe en la tercera edad, donde hay que entender que, hasta la experiencia del orgasmo, tal como la hemos entendido en la juventud y la adultez, cambia.

Por lo que una adecuada preparación psicológica, es fundamental para asumir con naturalidad que se sigue siendo un ser sexuado, a pesar del paso de los años.

Mitos que debes romper acerca de la sexualidad en la vejez: 

Las personas que hoy son ancianas han sido educadas bajo tabúes y creencias erróneas sobre la propia vejez y sobre la sexualidad en esta etapa, condicionando negativamente sus posibilidades de libertad y plenitud sexual.

La nueva generación, a pesar de tener más información y más libertad en este aspecto, sigue cultivando mitos que afectarán a su salud sexual en un futuro, por lo que es fundamental romper con ellos:

  • La menopausia es el fin de la sexualidad de la mujer: Afortunadamente es uno de los mitos que tienden a desaparecer. A las mujeres mayores les interesa el sexo, disfrutan y son seres sexuales a pesar de que la función reproductiva haya cesado.  La menopausia es una etapa de cambios físicos importantes, que puede ser motivo de alteraciones en la autoestima que generan inseguridades, miedos y complejos que podrían inhibir el disfrute sexual. Por eso es fundamental contar con la información psicológica adecuada que ayuden a comprender y asumir los cambios a nivel fisiológico.
  • El hombre no tiene erecciones y/o sin erecciones no hay sexo: En esta fase la mayor preocupación para los hombres suele ser los problemas de erección. Culturalmente se le da una excesiva atención al coito, y parece que la vida sexual solo depende de su “rendimiento” por lo que algunos pueden sufrir estrés y ansiedad (que a su vez agravan estos problemas) y otros simplemente se resignan a perder la sexualidad dado que la impotencia es “normal” en la madurez. Ciertamente se dan cambios fisiológicos en la respuesta sexual de la mayoría de los hombres (consecuencia de cambios en la irrigación sanguínea, las hormonas, efecto secundario de medicamentos o enfermedades crónicas) pero de ninguna manera eso significa que no puede haber disfrute.
  • Los ancianos no tienen vida sexual (ni deseo): Con la edad se pueden producir cambios y alteraciones en todas las fases de la respuesta sexual, pero abordados psicológicamente de manera adecuada no tienen por qué interferir ni suprimir la actividad sexual. En ocasiones, el consumo continuado o frecuente de ciertos fármacos, pueden inhibir la libido, pero las personas mayores si tienen deseo e interés en el sexo. Es importante no reducir la sexualidad solo al coito o la penetración, para no alimentar este mito.
  • Los viejos verdes y otras figuras: Hemos creado una construcción cultural en torno al sexo en la tercera edad en la que pensamos que, si un mayor se interesa por el sexo es un “pervertido” o “viejo verde” o una “ninfómana”. Eliminar de nuestro imaginario esta idea y entender que el sexo es tan natural en la vejez, como en la adultez es el primer paso para que nuestros mayores gocen de una vida sexual sin tabúes.
  • El sexo es malo para la salud y debilita a los mayores: Todo lo contrario, el sexo es muy sano, las consecuencias físicas positivas están plenamente comprobadas, pero, sobre todo, los beneficios que aporta a nivel mental y psicológico durante la etapa de envejecimiento son innegables.
  • No es bueno masturbarse a esa edad: La masturbación no desaparece en la adultez ni en la vejez, no es un signo de trastorno y es recomendable para mantener la salud sexual.

Está en cada uno de nosotros crear una sociedad más tolerante, que entienda y acepte la sexualidad, también en la vejez, como algo natural del ser humano.

Las personas mayores pueden y deben experimentar en este momento vital una sexualidad activa y plena, entendiendo que la función reproductiva del sexo ha cesado y que se abre una nueva etapa en la que se puede disfrutar sin prejuicios, para ello necesitan desarrollar y alimentar su autoestima, autoconocimiento y autonomía para que puedan conocer y reconocer su identidad, orientación, gustos y preferencias sexuales de manera responsable y abierta.

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